sábado, 1 de septiembre de 2012

Comunicado de Incio del Mes del Migrante 2012

COMUNICADO DE PRENSA
Consejo Nacional de Pastoral Social

"Charitas Christi Urget Nos"
La Caridad de Cristo nos urge a actuar con valor y sin demora ante los grandes problemas de injusticia (cfr. CinV No. 20)

En la región de Centro América y Panamá se conmemora en el mes de Septiembre el Mes del Migrante, tiempo de Gracia en donde la Iglesia Católica hace un llamado a los gobiernos y sociedades de los distintos Estados a reflexionar acerca del drama que viven miles de seres humanos a causa de distintas formas de migración.

Es una oportunidad para recordar a las autoridades y a todos los ciudadanos de nuestros países:

  1. La necesidad de crear e impulsar polìticas de Estado necesarias para generar condiciones económicas, políticas y sociales que ofrezcan a sus nacionales oportunidades de encontrar empleo y mantener a sus familias, reconociendo el derecho a no migrar que tiene todo ser humano.
  2. Que mientras se crean estas condiciones, se reconozca el derecho de toda persona a buscar, incluso a través de la migración, mejores condiciones de  vida.
  3. Que el derecho de toda nación soberana para controlar sus fronteras no se contrapone al deber de reconocer y respetar los derechos humanos que asisten a toda persona migrante. Migrar no es un delito.
  4. Que las personas que entran a un país sin la adecuada autorización o que excedan el periodo de tiempo permitido por sus visas, deben ser tratadas con respeto y dignidad. No deberían ser detenidas bajo condiciones deplorables, por largos períodos de tiempo o ser maltratados de alguna manera. La dignidad de todo ser humano es inviolable.

A nosotros mismos, pueblo de Dios que peregrina en Panamá, esta ocasión  nos anima también a recordar que como Iglesia, lugar de comunión y enviada en misión, la migración es un desafío al que todo cristiano y cristiana debe responder, más allá de la buena voluntad y del carisma personal.


Nadie es extraño en el corazón de la Iglesia: donde quiera que haya verdaderos cristianos y cristianas, los y las migrantes se sentirán como en su propia tierra, que les provee de medios de subsistencia, acogida, afecto y satisfacciones, parte de la familia humana, pueblo escogido de Dios.

En Panamá, la sección de Pastoral de Movilidad Humana, del Consejo Nacional de Pastoral Social, de la Conferencia Episcopal Panameña, continuará pidiendo al Señor de la Vida y de toda la tierra, que mueva los corazones de todas aquellas personas que aún no reconocen en Dios un Padre común, razón por la cual no han descubierto la fraternidad entre todos los seres humanos, y a través de ella la tolerancia y la misericordia.

A todos los y las agentes de pastoral social que trabajan por promover la justicia, la solidaridad y la paz, especialmente a quienes atienden a personas en situación de migración o refugio, extendemos un cordial saludo como advenimiento del Reino de Dios, entendido no como un lugar hacia el cual nos dirigimos, sino como todo lugar en donde Dios reina verdaderamente, viviendo la promesa del Reino aquí y ahora.

Finalmente, saludamos a todas las personas en situación de refugio y migración en Panamá y les invitamos a transformar su experiencia migratoria, no sólo en ocasión de crecimiento de vida cristiana, sino también de nueva evangelización y de misión, aportando con sus conocimientos y su trabajo al crecimiento del país y de la Iglesia.

Dado en la ciudad de Panamá el 01 de Septiembre de 2012.

martes, 17 de abril de 2012

Acompañamiento Psicosocial a Población PTH


Regularización de PTH Colombianos es una apuesta psicosocial

A partir de talleres psicosociales con colombianos, hasta ahora bajo el estatus de PTH (Estatuto Humanitario Provisional de Protección - Según DE23/98) y quienes llevan viviendo más de 14 años en Darién, Panamá, la Pastoral de Movilidad Humana del Vicariato de Darién inició en el mes de febrero la Fase 1 del proceso de acompañamiento y re orientación de lo que será su nuevo proyecto de vida a partir del cambio de estatus migratorio  a residentes panameños que otorga la Ley 81 de 2011 aprobada por el actual gobierno de Panamá.
Desde la Pastoral de Movilidad Humana, quien lleva todo este tiempo acompañando a los colombianos PTH, la situación de cambio de estatus migratorio debe ser contemplada como una oportunidad para trabajar con los PTH actividades conjuntas y/o individuales que motiven la creación de retos, sueños, metas que se conviertan en motivación para la construcción de un nuevo proyecto de vida a partir de las nuevas oportunidades que genera su cambio migratorio, y no de las limitaciones a las cuales fueron abocados anteriormente.
La Ley 81 de 2011 establece que el estado panameño otorgará a los colombianos bajo estatus de PTH, residencia panameña permanente, lo que los beneficiaría, en entre otras cosas, con un permiso de trabajo, la libre movilidad por todo el territorio panameño, una cédula o carnet de  extranjero y todos aquellos derechos a los que accede cualquier extranjero legal en territorio panameño.
Talleres Psicosociales en las principales comunidades de acogida de PTH
Comunidades darienitas de Yape, Boca de Cupe, Tortuga, Yaviza, y Jaqué, además de Puerto Obaldía en la Diócesis de Colón-Kuna Yala son algunas donde el equipo de VIDA-Pastoral de Movilidad Humana con el acompañamiento de funcionarios de ACNUR y de la organización RET, han empezado a implementar diferentes actividades pedagógicas que tienen como objetivo que los colombianos PTH vean el cambio de estatus migratorio como una oportunidad que puede redundar en el mejoramiento de su calidad de vida, y obtener nuevos y mejores beneficios para la misma.
Talleres con temáticas como ¿Qué significa ser residente panameño?, talleres con enfoque de género para conocer las necesidades de las mujeres PTH colombianas y el fortalecimiento vocacional, son algunas de las actividades previstas  para realizar con las comunidades colombianas residentes en Darién.
Alcanzar un arraigo socio cultural en un nuevo territorio, hace parte de los procesos psicosociales que lograría la inserción de los PTH en diferentes áreas como la laboral, socioeconómica, cultural,  y otras más, logrando un nuevo proyecto de vida más integral del que hasta ahora han podido desarrollar.

Equipo de Pastoral de Movilidad Humana del Vicariato Apostólico de Darién

lunes, 31 de octubre de 2011

La Justicia, cuando es tardía, no es justicia.

Usted podría conocer esta frase de la siguiente manera: “La justicia tardía es la máxima injusticia” o quizás no conocerla, sin embargo, creo que estaría de acuerdo conmigo en que cualquier persona o institución en situación de poder evitar una injusticia o resarcir un acto de injusticia y no lo hace, a sabiendas de que su falta de acción agrava la injusticia inicial y luego enmienda, no debe ser un acto digno de exaltación.

Me explico, si hacemos sólo lo que nos corresponde, dónde está la gloria en ello? Pues podríamos confrontarlo con la Palabra de Dios en Lucas 17, 7-10, “Siervos Inútiles Somos”, pues al hacer justicia no hemos hecho sino lo que estábamos obligados a hacer, entonces, si hemos hecho sólo lo que nos correspondía, qué merito tiene?

Traigo a colación esta reflexión en el marco de la reciente aprobación de la ley  de Regularización de la Población bajo el Estatuto Humanitario Provisional de Protección, en adelante el Estatuto, consagrado en el Decreto Ejecutivo No. 23 de Febrero de 1998.

Hay que reconocer, ciertamente, que hemos encontrado mayor eco en representantes de este gobierno al clamor de la población en situación de refugio que ha vivido por catorce (14) años en Darién bajo el Estatuto. Su valor en reconocer que esta condición vulneraba los derechos y la dignidad de esta población es rescatable, sin embargo, no han hecho más de lo que debían hacer en justicia.

Con esta ley recién aprobada se perfecciona o se le brinda la máxima protección posible a esta población desde nuestra posición como país receptor.

Habría que recordar que el Estatuto fue concebido en medio de una situación muy particular y con el cual se brindó una respuesta rápida a la situación de cientos de personas de nacionalidad colombiana que ingresaron a nuestro país para salvaguardar sus vida y honra de la violencia generalizada que afectaba su país de origen.

Desde nuestra percepción, el estatuto respondió a una situación muy concreta: la entidad de gobierno encargada de atender a la población recién ingresada que se encontraba en evidente situación de refugio no contaba con los recursos humanos y financieros necesarios para hacerlo de la forma debida.

Sin embargo, consideramos que la situación inicial de carencia de recursos fue suplida con el tiempo por la falta de voluntad de las autoridades de turno, en tres (3) periodos presidenciales distintos, de dar solución real al problema.

A pesar de que la población bajo el estatuto contaba con el perfil de una población en situación de refugio, las autoridades no dieron curso al procedimiento de acceso a tal condición, limitando los derechos de estas personas y convirtiéndoles en ciudadanos bajo libertad condicional, sin derecho al trabajo remunerado, a la libertad de movimiento, al acceso de posesión tierras para vivienda y cultivo, sin acceso a crédito y dependiendo, por ley (cfr. Art. 83 del DE 23 de 1998) de la caridad de organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos.

Muchas son las anécdotas que podríamos decir y contar en estos catorce (14) años de aguante, pero también de fe y de esperanza por parte de una población que ha sufrido el desarraigo y la marginación por tantos años.

Sin embargo, esta es una hora en que nos unimos al regocijo de la población bajo el Estatuto que ahora podrá acceder a la residencia permanente. Se hace justicia, si! Pero el costo ha sido demasiado alto.

Muchos optaron por retornar a la incertidumbre y el miedo, otros se quedaron convencidos de que era mejor suplantar la libertad y el derecho, por la “seguridad” y hoy lamentan que familiares cercanos no hayan aguantado lo suficiente o que hayan fallecido sin gozar de una plena libertad.

Hay que festejar, si! Pero sin olvidar lo que nos ha costado. Sin dejar de aprender la lección recibida. Y, sobre todo, manteniendo firme vigilancia por que el espíritu de esta nueva ley sea cumplida en toda persona que cumpla con el perfil necesario, actuando en equidad, justicia y verdad.

Dios les bendiga.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La Pastoral de Movilidad Humana


A lo largo de la historia de la humanidad, la movilidad de personas en busca de nuevas oportunidades de vida ha sido un fenómeno permanente, aunque con diferentes niveles de intensidad. Si la movilidad humana estuvo presente desde las sociedades primitivas, en la actualidad el número de personas que migran o se ven obligadas a desplazarse o buscar refugio es mayor que nunca y los lugares de destino han aumentado.

Las áreas de atención de la pastoral de movilidad humana son tan diversas como expresiones de movilidad se puedan encontrar en este mundo globalizado. Entre estas expresiones podemos mencionar: las migraciones (internas y externas), el refugio, el turismo, los y las trabajadoras del mar, circenses, nómadas, estudiantes de intercambio, entre otras realidades.

A nivel eclesial la Pastoral de Movilidad Humana se ubica dento de la Dimensión de la Caridad de la Iglesia, o como le conocemos mejor: La Pastoral Social, al igual que otras "acciones" o pastorales específicas como lo son: pastoral de la Salud, pastoral de Privados de Libertad, Comisión de Justicia y Paz, Cáritas, entre otras.

Todas nacen de la Caridad de Cristo, es decir, del Amor de Cristo a su Iglesia, pueblo de Dios y, desde siempre han trabajado por alcanzar o promover el respeto o la valoración de la dignidad de todo ser humano, creatura amada por Dios. Por esta razón se concluye que el eje transversal de toda la acción social de la Iglesia es la Pastoral de los Derechos Humanos.


Como lo indica el documento Guía de la Pastoral de los Derechos Humanos en su No. 89: "La pastoral de los Derechos Humanos, como corazón de la Pastoral Social, es la misión evangelizadora que la Iglesia, a través de sus comunidades e instituciones, realiza en el campo de la defensa y promoción de la vida y dignidad humana, como prolongación de la misión liberadora de Jesús de Nazareth con la participación de hombres y mujeres de buena voluntad".

Y para el caso concreto de la Pastoral de Movilidad Humana, nuestro accionar responde a la necesidad de afrontar el "desafío de superar los prejuicios, educar para el diálogo, practicar la acogida, testimoniar la caridad y abrir las mentes y los corazones hacia una visión más amplia e incluyente donde las diferencias dejan de ser motivo de discordia para convertirse en oportunidad de compartir y de convivencia fraterna".

Por Jorge Ayala